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Julia Parejo en la puerta del Centro de Menores 'Pedro de Valdivia' de Villanueva. S. GÓMEZ
«Trabajar con seres humanos me ha mantenido enganchada»

«Trabajar con seres humanos me ha mantenido enganchada»

JULIA PAREJO | DIRECTORA DEL CENTRO DE MENORES 'PEDRO DE VALDIVIA' ·

Tras 38 años en el centro de menores, se jubila y cierra una etapa llena de logros y experiencias

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Lunes, 16 de agosto 2021, 10:10

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La villanovense Julia Parejo está hoy de celebración. Cumple 63 años. Aunque no es solo esa la cifra que hace especial este 16 de agosto. Con el cumpleaños llega su jubilación tras 38 años de trabajo en el Centro de Acogida de Menores 'Pedro de Valdivia' de Villanueva de la Serena. De estos, los últimos 28 como directora. Una labor que le cuesta dejar, aunque la sensación de haber logrado en este tiempo que muchos menores hayan tenido una infancia y juventud feliz y normalizada, hace que el ciclo se cierre con una gran satisfacción.

¿Cómo decide trabajar en un centro de menores?

En realidad, mi formación no tenía nada que ver con lo que acabé haciendo. Estudié Filología Hispánica porque me encantaba la Literatura, pero luego a lo que me llevaba, que era la enseñanza, no me llamaba la atención. Entonces, mientras me preparaba oposiciones de lo mío sin muchas ganas, una amiga de mi hermana me habló de que se iban a crear en los hogares 27 plazas de Educadores para los 7 centros de la región. Una categoría que aún no existía.

Me puse a estudiar y el primer examen para acceder de forma temporal lo aprobé, y tras dos años se convocaron 4 plazas y entré. Fue una de los primeros cuatro Educadores que tuvo el centro.

¿Qué le atrajo de este trabajo?

Primero estuve 10 años de Educadora y fueron años de mucho trabajo y mucha satisfacción. El trato humano me gusta mucho. Pero desde los servicios territoriales me ofrecieron la dirección porque el anterior encargado se marchaba. Tras varios meses para pensarlo lo acepté porque quería hacer cosas distintas. Y lo que parecía que iba a ser poco tiempo me enganchó y he estado 28 años en el cargo.

¿Cuáles han sido sus logros en este tiempo?

No voy a hablar en singular porque aquí trabajamos todos a una, en equipo, para que los niños estén bien. Eso es algo que no siempre se consigue porque a veces no se adaptan, pero ese es el objetivo. Sin embargo, la principal lucha ha sido siempre la integración de nuestros niños, que tengan una vida normalizada, integrados y no se les estigmatice, que es algo que se sigue haciendo. El hecho de decir que son niños del Hogar la gente se pone un poco en alerta, aunque cada vez menos. Insistimos mucho en que los niños sean niños y no 'los niños del hogar'.

Es cierto que hay problemas que van en la mochila personal de cada menor y se puede traducir en rebeldía y en actos que salen fuera socialmente y un caso se generaliza al resto. Pero se va consiguiendo, porque esto es una familia grande con muchos niños y puede que alguno dé problemas, pero eso también pasa en cualquier familia. Incluso, en los últimos tres años no hemos tenido ningún caso de absentismo escolar ni de fuga.

También favorece la ubicación de las instalaciones dentro del casco urbano para que estén integrados. Al estar en el centro, si se echan amigos en el instituto pueden salir sin depender que se les lleve en coche a los sitios, e incluso ir a casa de compañeros o al revés. Quedan con los amigos en la puerta para ir juntos a clase o salen por la noche, lo que hace que lleven una vida normal. Eso hace que se socialicen y se integren en el día a día de la ciudad.

Julia Parejo, hace unos años, con un grupo de niños del Centro.
Julia Parejo, hace unos años, con un grupo de niños del Centro. HOY

¿Hay algún caso concreto que le haya marcado?

Aquí vienen niños con una gran mochila de problemas creados en su seno familiar que deben superar. Pero si tengo que recordar un caso, más que por el motivo de ingreso, fue por su fallecimiento de un niño de 8 años a consecuencia de un cáncer. Fue una situación muy penosa, horrible, porque llevaba con nosotros un año cuando se lo diagnosticaron. Estuvo 13 meses hospitalizado en Madrid y Badajoz y sometido a quimioterapia, pero finalmente falleció. Además, no contaba con la familia a su lado, aunque sí tenía una hermana que siguió con nosotros.

¿Cómo lograba no llevarse cada caso a casa?

Es difícil desvincularte porque es un trabajo muy intenso donde entran muchos sentimientos en juego, y te apegas mucho a los niños y al resto del personal. Trabajar con seres humanos te mantiene enganchado. Además, es un trabajo que enriquece muchísimo y te forma como persona y te humaniza un montón. De hecho, yo no sería la misma persona si no hubiera trabajado aquí. Siempre que ingresa algún niño nuevo es una nueva historia que te afecta, y lo seguimos pasando fatal con los casos difíciles o cuando alguna historia no se resuelve favorablemente. Y claro que te lo acabas llevando a casa y lo compartes con quien está a tu lado, en este caso mi marido ha aguantado lo suyo. Pero es algo inevitable; si no me afectaran estas cuestiones creo que no sería humano.

¿Qué siente cuando se encuentra por la calle a esos niños ya mayores?

Me hace mucha ilusión encontrarme a mis niños por la calle, con sus propias familias. Y ellos creo que suelen tener un buen recuerdo, y que fueron felices. La mayoría de ellos llevan una vida normal, con aspiraciones y logros como cualquier otra persona. A veces recordamos cuando eran adolescentes y surgían problemas o protestas que tenían, lógicas por la edad, y ahora ven ellos en sus hijos. Por poner algún ejemplo, algunos de ellos son hoy policías, profesores, abogados, asesores jurídicos, etc. Otros están trabajando en talleres mecánicos o son albañiles, etc. Casi todos salen de aquí con una profesión y han tirado bien adelante, aunque siempre hay casos en los que no se ha logrado, pero los menos.

¿Alguna vez sintió que la situación le superaba?

Aquí hay muchos días buenos, pero también muy malos y que entran ganas de tirar la toalla. De hecho, a mí me pasó hace cuatro años, porque me superó una situación relacionada con el trabajo, aunque no tenía que ver con los niños. Pensé que no merecía la pena seguir en este trabajo, aunque reflexioné y me di cuenta de que debía continuar en el cargo. Mi plaza de Educadora Social está en el IES Puerta de la Serena, donde pedí el traslado, pero nunca me he incorporado. En ese momento pensé en hacerlo. Pero los compañeros me abrieron los ojos y me di cuenta de no me veía haciendo otra cosa, es más creo que no sé hacer otra cosa.

No obstante, creo que soy una privilegiada porque este trabajo todo lo que nos aporta es bueno. No hubiera sido tan feliz en otro puesto, sin olvidar que también tiene sus ratos malos, no todo es idílico. Pero eso es lo bonito, que ningún día es igual. Eso sí, siempre he tenido la sensación de que igual no he hecho lo suficiente, pero creo que eso no es malo.

Julia Parejo junto a varios compañeros del Centro.
Julia Parejo junto a varios compañeros del Centro. HOY

¿Cómo ha cambiado el centro en estos años?

Antes, se llamaba el Hogar y dependía del Instituto Nacional de Asistencia Social. Eso era como un cajón de sastre donde había 82 niños, solo en masculino, porque las niñas iban al Hogar de Mérida. La mayoría venían de familias muy numerosas, con falta de recursos o que estaban desestructuradas, mientras que ahora son un recurso para niños con problemas familiares.

Además, el centro contaba con cuatro unidades de Primaria por lo que los niños no tenían que salir de allí para ir a clase, lo cual no favorecía a la socialización con otros niños de fuera. Pero eso cambió más tarde, igual que los recursos disponibles. Al principio fue difícil porque crearon las plazas de Educadores pero no los recursos para ejercer. Así es que esas carencias las suplía la creatividad con los críos; casi éramos autodidactas. Después e se fueron creando grupos de orientación con técnicos que nos asisten.

Lo que era estar casi en hacinamiento pasó a ser una mini residencia y lo más parecido a una casa, donde duermen dos o tres en cada cuarto como máximo. Tienen salas de televisión y de juegos por edades, para que puedan hacer lo que cualquier otro niño o joven.

¿Cómo habéis sobrellevado la pandemia?

Ha sido de locura, sobre todo los cuatro meses de confinamiento que han pasado más de una veintena de niños encerrados en el centro. Pero han dado un verdadero ejemplo porque se han portado genial. Teníamos muchísimo miedo y siempre estábamos agobiados, pero no ha habido casos de niños. Sí alguno de trabajador, por lo que hubo un aislamiento por contacto estrecho con una Educadora, pero nada más. Somos 38 trabajadores que entrábamos y salíamos y eso era un riesgo, pero hemos conseguido esquivar al virus.

Pusimos servicios mínimos y grupos mínimos de trabajo, y en espacios grandes, con menos posibilidades para juntarnos. Incluso se hicieron turnos de más horas y así no entrábamos y salíamos tanto. También habilitamos zonas de aislamiento, pero el centro es muy pequeño, y para cumplir el protocolo nos quedábamos sin espacio para los niños. Lo que sí hicimos para hacerles más llevadero el confinamiento era flexibilizar algunas normas y se les dejaba más tiempo el móvil para que estuvieran comunicados con los amigos.

Los niños del Centro, junto a Julia hacen entrega de un ramo de flores.
Los niños del Centro, junto a Julia hacen entrega de un ramo de flores. HOY

¿Qué consejo le da a la nueva directora?

Toma el relevo Guadalupe, que lleva muchos años en el centro como Educadora, por lo que dejo el cargo en buenas manos. La dirección es un puesto en que no siempre das gusto a todo el mundo, porque tomas decisiones que no siempre gustan. Sí que las jefaturas son solitarias y le aconsejo que haga lo posible por estar arropada, darlo todo por los niños y por el personal, el exceso de autoritarismo no lleva a ningún sitio y te aísla más. Esto es como una gran familia y no hay que ser distante ni ponerse una coraza. Hay que estar cerca de los niños, casi obligatoriamente, pero también de los trabajadores. En general, yo me he sentido querida por ambos grupos y, en ese aspecto, me voy tranquila.

¿A qué dedicará el tiempo libre ahora?

Tengo ganas de empezar a hacer yoga, porque no he practicado deporte nunca y empezaré poco a poco. Pero sobre todo quiero dedicar más tiempo a mis nietas, estar más con mi hijo que está en Villanueva y visitar más a mi hija que vive en Granada. Y, luego, lo que vaya surgiendo, porque no soy de estar en casa y quiero seguir activa.

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