Escultura de Santiago Apóstol en la rotonda junto a la ermita que lleva su nombre. / A. LOZANO

De la iconografía de Santiago y el porqué de 'Santiaguito'

La imagen que preside es la del caballero sobre caballo blanco y espada en ristre, con armadura y casco guerrero y nos recuerda al caballero de Clavijo

ANTONIO BARRANTES LOZANO
ANTONIO BARRANTES LOZANO Cronista Oficial de Villanueva de la Serena

Sabemos que los doce elegidos por Jesús, después de Pentecostés llevaron la doctrina del Maestro a los rincones más recónditos del mundo entonces conocido. Nos cuenta la tradición y nos contaron a nosotros cuando nos iniciaron en los principios del cristianismo, que a Hispania llegó Santiago el Mayor o el Viejo, para distinguirlo de otro apóstol con el mismo nombre.

Era Santiago el Mayor hermano del también discípulo de Jesús, Juan, el discípulo amado, al que debemos uno de los cuatro evangelios aceptados por la Iglesia.

Se dice que Santiago partió, para llevar a cabo su cometido, de su Judea natal atravesando los mares, se entiende que sería el Mediterráneo, y que llegó a tierras hispanas y que su empeño evangelizador obtuvo sus frutos no sin las dificultades propias en una tierra hostil a toda novedad que bastante tenía con las nuevas traídas por los generales romanos. Fueron tantas los aprietos que se encontró que, como nos dice la tradición, hubiera abandonado si no fuera por los ánimos que le insufló la misma Virgen María que se le apareció sobre un pilar próximo a Caesaraugusta, ciudad que hoy conocemos como Zaragoza.

Y bien que lo celebran los maños que para subrayar tan feliz acontecimiento, levantaron una hermosa basílica en su memoria. Como el apóstol viajero llegó por los mares se le reconoce con una concha porque es costumbre cristiana identificar a evangelistas y apóstoles con animales u objetos.

Por tradición o no, la verdad es que la devoción al Apóstol Santiago está muy extendida por España. Su veneración está generaliza y sus imágenes, santuarios o iglesias es fácil encontrarlas en cualquier lugar del suelo patrio.

Sabemos y así lo recogen los Hechos de los Apóstoles, que Santiago el Mayor murió decapitado por orden del Rey de Judea, Herodes Agripa, y según una tradición medieval su cuerpo fue traído por sus discípulos a tierras gallegas, Campus Stellae.

Durante el siglo IX de nuestra era mandaban en la mayor parte de Hispania los musulmanes, quedando los cristianos reducidos a la franja noroeste de la península en el denominado reino de Asturias. Fue durante el reinado de uno de sus reyes, Alfonso II, cuando un ermitaño vio luces extrañas sobre unos restos arqueológicos, el hallazgo lo comunicó al obispo Teodomiro de Iria Flavia y determinaron que aquellas luces, que surgían de un enterramiento correspondían a los restos del Apóstol Santiago. Descubierta su tumba, la noticia, por extraordinaria, corrió por todos los círculos cristianos y enterado el Rey de tan importante hallazgo fue a comprobarlo personalmente, considerándose desde entonces a Alfonso II como primer peregrino, estableciéndose así, de Oviedo a Compostela, el «Camino Primitivo».

El culto al apóstol se extendió rápidamente entre los cristianos y fue el propio rey asturiano quién lo proclamó patrón del reino de Asturias. Auspiciado por las disposiciones reales, la visita a Compostela se prodigó desde todos los territorios cristianos tanto hispanos como europeos, estableciéndose así las rutas jacobeas que aportaron un intercambio social y cultural sin precedentes durante todo el Medioevo y que ha llegado hasta nuestros días.

Esta tradición es la que hace que a su iconografía se le añadiese a la concha, el cayado o bordón y la calabaza que es una forma de representar al Santiago peregrino.

Pero no es esta su imagen más extendida, de santo pacífico y predicador por los caminos de España. También es recordado porque, reinando Ramiro II que sucedió en el trono a su tío Alfonso II, los musulmanes no dejaban de instigar las huestes cristianas a las que exigían los tributos de las cien doncellas. El buen rey D. Ramiro se opuso a tal exigencia y el armisticio quedaba declarado en Clavijo. Y aunque las fuerzas musulmanas eran superiores en hombres y armas, en vísperas de la batalla se le aparece en sueños al monarca el Apóstol que le comunica que ha sido designado por Dios como patrón de España. Cuenta la tradición que un joven jinete sobre corcel blanco se puso al frente de las huestes y como no podía ser de otro modo la victoria de los cristianos fue aplastante. Y es desde entonces, corría el año 844 del calendario cristiano, que tan magnánimo apoyo a nuestros ejércitos del apóstol en Clavijo sea

recordado como soldado valiente y que nuestros ejércitos, durante la Reconquista, entrasen en batalla al grito de: ¡¡Por Santiago!!

Con esta contrapuesta iconografía el culto al santo ha llegado a nuestros días y es fácil ver por todo el territorio español a Santiago representado como humilde caminante con concha y calabaza o como caballero medieval espada en ristre sobre cabalgadura blanca.

Sabemos, porque así las crónicas nos lo dicen, que por aquí pronto se le tuvo en consideración y para su honra se levantó una ermita en Villanueva, en la parte norte a extramuros de la ciudad. Se atribuye la noble iniciativa al hijosdalgo villanovense D. Gonzalo Vázquez de Écija en el año de 1552, como así consta en los «autos de la santa visita que hizo en e año de 1633 el prior Frey don Diego de Sandoval Pacheco, visitador general de la Orden de Alcántara» autos que están recogidos en los Apuntes de D. J. A. Muñoz Gallardo.

Noticias más recientes tenemos de ella en el Interrogatorio de la Real Audiencia de Cáceres de 1791, en el que se informa de las dos misas cantadas anuales a celebrar, una en la festividad de Santiago y otra en la de S. Ildefonso, con el que compartía capilla. Pronto la ermita quedó integrada en la ciudad, en la calle que da nombre y de la primitiva poco queda; fue enteramente remodelada a raíz del proyecto de urbanización de toda la zona en los años sesenta del pasado siglo. Se hizo desaparecer una vivienda que tenía adosada al oeste y la hermandad solicitó su ampliación y reconstrucción, con el resultado conocido.

La imagen que preside es la del caballero sobre caballo blanco y espada en ristre, con armadura y casco guerrero y nos recuerda al caballero de Clavijo. Vino a sustituir a la imagen que todavía algunos vieron o han oído de ella y que desapareció después de la barbarie iconoclasta que asoló la imaginería local en agosto de 1936. Muñoz Gallardo nos dice que «De la escultura del «Santiaguito» nada he podido encontrar; yo creo que debió ser hecha por algún carpintero devoto del santo apóstol; no tiene más que mucha devoción sin ningún mérito artístico».

D. Jesús García Trujillo, que me precedió en estas tareas, nos dejó una deliciosa crónica al respecto, que no me resisto a reproducir: «Su imagen era una de las más queridas de los villanovense que, por su reducido tamaño, siempre se referían a ella con la familiar denominación de «Santiaguito», sobre el que existió un interrogante: ¿por qué llevaba chistera? Nos aventura D. Jesús que el sombrero era signo de distinción y sólo a los grandes de España se les permitía presentarse cubiertos ante el Rey. Así, tocándolo con el sombrero alto de ala reducida a la moda entre los caballeros de alto rango, se pretendía dignificar al Apóstol»